jueves, 27 de noviembre de 2014

3ª JORNADA BALONCESTO ALEVIN MIXTO




Gascón y Marín 30 – Juan de Lanuza 60
Un nuevo partido de nuestro equipo y una nueva muestra de entrega de los gascomarines. Parece que la hora a la que nos habían citado en el colegio, las doce y media, tampoco nos favorece, pero seguiremos intentándolo hasta encontrar nuestra hora buena.
30 – 60 no son los días de pago de una actividad extraescolar, es el resultado con el que acabó el encuentro que nos enfrentaba al Juan de Lanuza que, a falta de contabilizar este resultado, comparte liderato e imbatibilidad con el equipo de Valdespartera.
Nuestro rival era un equipo muy alto, mucho más que nosotros, que ya empezamos a acostumbrarnos a esa situación de desventaja. En efecto, nuestro equipo, por diversidad de edades, se presenta en desventaja cuando se enfrenta a otros más alevinizados, pero es precisamente ese mestizaje, esa disparidad de longevidades, donde reside nuestra fuerza. Pocos colegios pueden presumir de eso. Claro que podríamos jugar cada uno por su lado, pero nosotros vamos siempre juntos como el Gordo y el Flaco, como Epi y Blas, como Gascón y Marín. Pero no sólo marcamos tendencia por eso, sábado tras sábado observamos con la incredulidad del no necesitado cómo nuestros rivales se presentan lustrosamente uniformados con el nombre de cada jugador a la espalda y sábado tras sábado oponemos a esa uniformidad el panchovillismo gascomarino, una suerte de moda divergente
que sin embargo nos une más allá de toda duda. El rojo de nuestro uniforme oscila desde el bermellón decathloniano al rosita de otras marcas, los dorsales van desde el Times New Roman al Comic Sans pasando por la ausencia más absoluta del mismo, llevamos mallas, calcetines o las canillas al aire, mostramos una variedad y desigualdad de criterios sobre la moda que dejaría en ridículo la polémica sobre la talla 38. Tal vez seamos iconoclastas y rupturistas, pero si algo tenemos claro es que somos un equipo por encima de todo. Quizás no llevemos el nombre escrito pero sabemos quiénes somos y esta convicción refuerza nuestro lema más conocido, y no me refiero al de “soy gascón porque el mundo me hizo así”, sino a ese otro de “aquí cabemos todos”. Esa es la idea, que cualquiera que quiera jugar, ya sea de sexto de primaria o de primero de infantil, así vaya de rojo o vista un patchwork de ganchillo palabra de honor (esto es una hipérbole literaria, que nadie coja la idea al vuelo) tiene cabida en este equipo siempre que comparta el sentimiento gascomarino de la entrega y la solidaridad y de ser, como diría el otro, una unidad de destino en lo universal.
Después de esta exégesis sobre el way of life gascomarino procede entrar en el desarrollo del partido que, si bien es justo reconocer que tuvo un claro dominador en nuestro contrincante, también hay que señalar que no fue hasta el segundo tiempo cuando ese dominio se hizo más contundente. El primer parcial fue de 6 a 9. En el segundo las diferencias no pasaron de los siete puntos, dejando en el luminoso un 12 a 19, y se llegó al descanso con un 18 a 29. La remontada todavía era posible, tan sólo nueve puntos de distancia gracias a la resistencia gascona. El espíritu de nuestros alevines contagiaba las gradas y nos hacía vibrar en cada canasta.
El aparato propagandístico se puso en marcha y los que permanecían en retaguardia elaboraron carteles de apoyo a sus compañeros de la cancha con los cuales, los carteles digo, customizaron las canastas. La presión mediática sobre el rival era tremenda. Padres y abuelos portaban carteles de ánimo, una vez más el espíritu gascón saltaba fuera del campo y llegaba hasta su afición. Hermanos, hermanas, tíos y tías, nueras, concuñados y primos políticos, amigos, familia en distinto grado de consanguineidad y afinidad y hasta un señor de Cuenca que pasaba por allí se desgañitaban animando
a los gascomarines. Por desgracia, el segundo tiempo trajo un importante bajón de juego que se reflejó en el marcador. Tan sólo una canasta en el cuarto tiempo, que acabó con un 20 a 40, anunciaba el retroceso gascomarino. La cosa fue a peor en el quinto. A pesar de que los rivales sólo anotaron dos canastas, no pudimos aprovecharnos de su sequía anotadora porque la nuestra fue mayor. No conseguimos anotar ni una sola canasta y el tiempo acabó con 20 a 44. En el último tiempo reaccionamos pero ya era tarde, también ellos mejoraron, y si nosotros conseguimos diez puntos ellos anotaron dieciséis, llegando así al definitivo 30 a 60.
Quizás no se me entendió cuando dije que llegaríamos a lo más alto. Las clasificaciones en la federación funcionan al revés que un edificio, si en este último caso estar en el décimo puesto es estar en lo más alto, aquí de lo que se trata es de estar en el primero. Pero no nos preocupemos, tal y como están las cosas esto sólo puede ir a mejor. Perseveremos, gascomarines.

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